Londres
1913 – Las Indias Occidentales 1990.
Parkinson
era un tipo peculiar. Excéntrico, elegante, imponente (1,95 de estatura).
Auténtico gentleman inglés. Fue el referente de la fotografía
de moda a lo largo de más de 50 años.
Comenzó
su carrera en 1931 como aprendiz del fotógrafo “de la corte” Speaight and Sons
Ltd., de donde obtuvo sus primeros encargos para Harper´s Bazaar.
Pero pronto abandonaría su trabajo de ayudante en el estudio para establecerse
por su cuenta.
Las
modelos de Parkinson son mujeres activas, reales, fuertes, bellas, creíbles.
Durante
varias décadas del siglo XX, sobre todo desde finales de los años cuarenta
hasta principios de los setenta, Parkinson fue el gran referente de la
fotografía de moda. Inició el estilo conocido como action realism (realismo
en acción), que desarrollaron varias generaciones de fotógrafos y todavía hoy
permanece vivo. Este estilo está basado en el uso de la luz natural y el
movimiento en escenarios reales para eliminar artificiosidad al género.
No
sólo salió con las modelos a la calle por primera vez en la historia de la
fotografía, sino que buscó localizaciones significativas y llenas de historias,
como estaciones de ferrocarril, plazas famosas y cualquier otro lugar cargado
de belleza y contenido. Buscó espacios más allá de lo imaginable por
desconocidos. Pero sobre todo puso a las modelos al nivel de la gente de la
calle, las humanizó.
Monta
la cámara sobre ruedas, crea un sistema flexible de iluminación que acompañaba
al sujeto en sus desplazamientos basado en los empleados en los estudios
cinematográficos: los spots (luz potente, directa y con un haz
controlable) y las lámparas flood (luz suave y difusa) movibles
podían desplazarse para crear sombras y efectos.
Una
de sus técnicas más recurrente es la de disparar a contraluz y acompañar la
exposición con un flash de relleno en el primer término. Una característica de
sus primeras fotografías, que volverá a aparecer más tarde, es colocar una
figura borrosa a un lado del encuadre, para dar mayor profundidad e involucrar
al espectador en la escena.
A
Parkinson le gustaba improvisar, jugar con los errores, aprovechar lo
inesperado. Incluso su estética podría recordar la iconografía periodística,
como esa pareja que corre feliz hacia la cámara con el skyline de Nueva York al
fondo.
Decía
que el éxito de su trabajo estaba basado en su admiración por las
mujeres. “Son más valientes, trabajadoras, honestas y directas que los
hombres”, afirmaba.
“Mis
mujeres actúan de otra manera, mis mujeres iban de compras, conducían coches,
tenían niños, le daban un puntapié a un perro…”, recuerda Parkinson.
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