miércoles, 11 de diciembre de 2013

Norman Parkinson

Londres 1913 – Las Indias Occidentales 1990.
Parkinson era un tipo peculiar. Excéntrico, elegante, imponente (1,95 de estatura). Auténtico gentleman inglés. Fue el referente de la fotografía de moda a lo largo de más de 50 años.
Comenzó su carrera en 1931 como aprendiz del fotógrafo “de la corte” Speaight and Sons Ltd., de donde obtuvo sus primeros encargos para Harper´s Bazaar. Pero pronto abandonaría su trabajo de ayudante en el estudio para establecerse por su cuenta.
Las modelos de Parkinson son mujeres activas, reales, fuertes, bellas, creíbles.
Durante varias décadas del siglo XX, sobre todo desde finales de los años cuarenta hasta principios de los setenta, Parkinson fue el gran referente de la fotografía de moda. Inició el estilo conocido como action realism (realismo en acción), que desarrollaron varias generaciones de fotógrafos y todavía hoy permanece vivo. Este estilo está basado en el uso de la luz natural y el movimiento en escenarios reales para eliminar artificiosidad al género.
No sólo salió con las modelos a la calle por primera vez en la historia de la fotografía, sino que buscó localizaciones significativas y llenas de historias, como estaciones de ferrocarril, plazas famosas y cualquier otro lugar cargado de belleza y contenido. Buscó espacios más allá de lo imaginable por desconocidos. Pero sobre todo puso a las modelos al nivel de la gente de la calle, las humanizó.
Monta la cámara sobre ruedas, crea un sistema flexible de iluminación que acompañaba al sujeto en sus desplazamientos basado en los empleados en los estudios cinematográficos: los spots (luz potente, directa y con un haz controlable) y las lámparas flood (luz suave y difusa) movibles podían desplazarse para crear sombras y efectos.
Una de sus técnicas más recurrente es la de disparar a contraluz y acompañar la exposición con un flash de relleno en el primer término. Una característica de sus primeras fotografías, que volverá a aparecer más tarde, es colocar una figura borrosa a un lado del encuadre, para dar mayor profundidad e involucrar al espectador en la escena.
A Parkinson le gustaba improvisar, jugar con los errores, aprovechar lo inesperado. Incluso su estética podría recordar la iconografía periodística, como esa pareja que corre feliz hacia la cámara con el skyline de Nueva York al fondo.
Decía que el éxito de su trabajo estaba basado en su admiración por las mujeres. “Son más valientes, trabajadoras, honestas y directas que los hombres”, afirmaba.

“Mis mujeres actúan de otra manera, mis mujeres iban de compras, conducían coches, tenían niños, le daban un puntapié a un perro…”, recuerda Parkinson.

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